Cuando la Justicia se convierte en arena política
Llevamos años instalados en una anomalía que hemos terminado por normalizar: el Consejo General del Poder Judicial, el órgano que debería garantizar la independencia de jueces y magistrados, lleva año tras año con su renovación bloqueada o negociada como si fuera una cartera ministerial más. Y cuando el reparto de vocales se negocia por cuotas de partido, lo que se daña no es un organismo abstracto: es la confianza de cualquier ciudadano en que su caso se va a resolver por derecho y no por quién nombró a quién.
No hace falta ser jurista para notar el patrón: cada sentencia relevante del Tribunal Supremo o de la Audiencia Nacional que afecta a un político se lee hoy, casi automáticamente, en clave de bando. Si condena a “los míos”, es una sentencia politizada e injusta; si condena a “los otros”, es la prueba definitiva de que el sistema funciona. Ese reflejo es exactamente lo contrario de lo que debería ser una sociedad con instituciones sanas: la sentencia se valora por su fundamentación jurídica, no por a quién beneficia.
Lo que sí me parece legítimo criticar es cuándo la propia clase política alimenta esa lectura interesada: cuando un ministro o un portavoz salen a cuestionar a un tribunal por el mero hecho de no haberles dado la razón, están erosionando la autoridad de la Justicia exactamente igual que quien la acusa sin pruebas de estar “comprada”. Se puede discrepar de una sentencia y recurrirla; lo que no se puede hacer, si de verdad se cree en el Estado de derecho, es deslegitimar al órgano cada vez que resuelve en tu contra.
Independencia no es infalibilidad. Los jueces se equivocan, como cualquier profesional, y para eso existen los recursos y las instancias superiores. Pero hay una diferencia enorme entre señalar un error jurídico concreto —con argumentos— y sugerir, sin más base que la conveniencia política del momento, que un tribunal entero actúa por consigna. Lo segundo no es crítica: es intoxicación, y cala especialmente rápido cuando ya llegamos predispuestos a creer lo peor de la Justicia.
En este blog comentaré sentencias concretas, del Supremo y de otros tribunales, cuando tengan relevancia pública. Lo haré señalando qué dice el fallo, qué fundamento jurídico lo sostiene y, después, separado, qué opino yo de esa decisión. Esa separación —hecho probado y fundamentación por un lado, valoración personal por otro— es exactamente lo que reclamo a los políticos que hoy la ignoran cuando les conviene.